Antes de completar mi ciclo de vida, espero haber dejado algo más que ideas; quiero haber sembrado una forma distinta de pensar. No busco reconocimiento ni halagos, sino haber desafiado las estructuras establecidas, haber despertado en otros la capacidad de cuestionar lo que se da por sentado y, sobre todo, haber demostrado que la disrupción bien dirigida puede ser el motor de la evolución del pensamiento.
No me interesa dejar un nombre grabado en piedra ni que se me recuerde por lo que fui, sino por lo que provoqué en la mente de quienes se atrevieron a ver más allá. Mi mayor satisfacción será saber que ayudé a otros a liberarse del molde impuesto, a encontrar su propia voz y a mirar la realidad desde ángulos inexplorados.
Si algo debo dejar, que sea un eco de preguntas en lugar de respuestas cómodas; que sea la chispa que encienda el fuego de nuevas formas de entender la vida. Porque el legado no está en lo que uno acumula, sino en lo que logra transformar en los demás.